Nunca has conocido tanto a una persona.
Como para saber reconocerla por la forma en la que arrastra los pies al caminar, por la forma en que respira, o deja su olor impregnado en cada prenda de ropa. Nunca has sabido conocer a alguien por la forma en que prepara un café, o por los diferentes tipos de sonrisas que tiene. Nunca conociste a alguien por la textura de su piel, o por la manera en que tapaba tus ojos y preguntaba: ¿Quién soy?
Nunca supiste diferenciar del todo su voz cuando cogía el teléfono con un: ¿Sí? Nunca te paraste a pensar que cara ponía cuando se aburría o se molestaba por algo. Nunca diferenciaste cuando mentía o cuando decía la verdad. No supiste conocerla como para saber de qué modo cerraba la puerta. Nunca supiste apreciar del todo el menor de sus dulces movimientos.
Nunca conociste tanto a alguien como para medir tu amor hacia esa persona.
O tal vez sí. Puede que conozcas a esa persona. Tal vez la conozcas más de lo que piensa, tal vez más de lo que piensas.